Actualmente ya es cada vez más frecuente el maridar los alimentos con las bebidas y en especial con los vinos. Como muchos saben el maridaje es el arte de combinar los alimentos con los vinos.

Es importante saber que esta armonización tiene como fin el equilibrio entre ambos, ninguno debe predominar o eliminar el sabor del otro. El maridaje no es una ciencia, es una práctica basada en  nuestros propios gustos y la sensibilidad del paladar. Cualquier persona puede practicar el arte de combinar un platillo con una bebida, solo se requiere un poco de cuidado y mucha disposición para divertirse y hacer la prueba. En realidad todos somos maridadores por excelencia, desde el momento en que se decide acompañar alguna comida con alguna bebida preferida, agregar limón o sal a los alimentos o simplemente acompañar con diferentes salsas un platillo. El objetivo principal del maridaje debe ser el matrimonio de ambos elementos, en el cual se espera que la pareja exponga lo mejor de sí mismo al estar en combinación en el paladar. Actualmente el maridaje depende del tipo de ingredientes que se usen dentro del platillo, las viejas reglas basadas en prejuicios han quedado atrás, las carnes rojas no necesariamente van bien con vinos tintos y las carnes blancas pueden formar una armonía incomparable con otros vinos aparte de los blancos.

Es necesario tomar en cuenta siempre que al maridar se busca el equilibrio, por lo cual debemos acompañar el cuerpo y las características del vino con el menú. De manera general los maridajes se pueden clasificar de la siguiente manera:

Por complementación

Cuando los sabores tanto del vino como del platillo son muy parecidos y por lo tanto el maridaje refuerza el sabor de ambos elementos. Un ejemplo muy claro sería el de los vinos de postre servidos con alguna tarta de frutas.

Por contraste

Cuando la intensidad de los sabores del vino y del platillo es muy distinto. Un buen contraste  es aquel que permite resaltar uno de los dos sabores, o bien enfrentarlos cuando ambos poseen mucho carácter. El más clásico ejemplo de este tipo es el emblemático Sauternes con Roquefort.

Maridajes Regionales:

Esto  sucede con los vinos europeos que poseen una demarcación geográfica y cultural muy clara.
Los vinos de cierta región acompañan mejor a los platillos propios de la zona.
Un ejemplo de esto es maridar un vino italiano con pasta, aunque en realidad se pueden crear maridajes más originales sin necesidad de escoger vinos especialmente de la región, si no aventurarse a elegir otro con las mismas características.